Un Grito de Rebelión Amplificado

 "Fuimos jóvenes ruidosos y libres… más que música, creamos recuerdos inmortales con guitarras distorsionadas"


Nuestra enseñanza básica y el octavo C terminó con una pequeña gira de estudios en la ciudad de La Serena y junto con ello nuestra vida cambiaría porque nos transformábamos en adolescentes, algunos compañeros dejaron el colegio, otros fueron expulsados por ser un problema para el señor Luis Campino, otros llegaban a unirse a esta jaula de primates de mal comportamiento, la puerta de entrada de una edad complicada de la mano a nuestra enseñanza media. 

Nuestro colegio católico, de buenos valores siempre trataba de tener el completo control de nuestras vidas, preparándonos y formando para ser buenas personas, a veces a la fuerza de cara con nuestras propias creencias con el tema de la fe.
En los primeros años del ciclo de media la búsqueda de tu propia identidad comenzaba aparecer, tus gustos musicales, tu rebeldía y la estupidez se hacen buenos amigos en esta etapa de la vida…hasta el compañero más tranquilo dejaba la puerta abierta a la contaminación conductual de otros, había que hacer algo para sobrevivir ante el salvajismo natural de las bromas y las burlas en un colegio solo de hombres.
Los grupos de amigos formados entre el séptimo y el octavo básico comenzaban a reestablecer sus intereses de acuerdo a tus pensamientos, gustos, filosofía de vida, sueños, música, estudios, modas, deportes etc, al final del camino éramos todos amigos, amigos que recuerdo con nostalgia plena de haber compartido tantas historias que se escribieron en la sala de clases y los patios de nuestro colegio, donde el tiempo las guardó en la sombra de una canción de mi play list de música.
Bajo la dictadura de un colegio ligado a las normas de Dios y el buen comportamiento, 45 adolescentes que se alistaban para romper las reglas ya establecidas, fue el puntapié inicial para que los conflictos comenzaran ya en nuestro primero medio, nuestro nuevo profesor jefe llamado A. Aceituno nunca se imaginó ni vio venir en lo que se estaba metiendo al asumir como nuestro profesor jefe, un acto de valentía con el curso más famoso y no por lo académico, sino más bien porque seríamos un peligro para la sociedad y comunidad escolar del colegio.
Mientras que desde afuera la música a principios de los años 90 entraba con mucha fuerza a nuestro país y por ende a nuestros oídos, los videos clip en programas musicales de MTV, el cassette sería reemplazado por el Cd y las bandas de rock del movimiento glam como Bon Jovi, Motley Crue y Poison serían apagados por los años siguientes por el grunge…un movimiento de música ligado a las emociones, el vestir de forma descuidada mesclada con una rebeldía entre los sonidos de las guitarras distorsionadas combinadas con letras y voces rasgadas, la apatía, el desencanto existencial de bandas como Nirvana, Pearl Jam definieron mis gustos musicales y siendo un autodidacta en mi interés por tocar una guitarra acústica, mis aprendizajes comenzarían a sonar algunos acordes y riff de canciones famosas.
Tuve grandes amigos en mi viaje de enseñanza media, Juan Pablo P. uno de ellos… pero hoy escribo este relato en el recuerdo de las imágenes que vienen al mirar mi guitarra eléctrica rota por el tiempo y la fotografía encontrada en el álbum digital de viejas fotos que la vida junto a la de un amigo llamado Carlos E. al que todos llamábamos "espina" y que con el pasar de la vida me encontré en la carrera de actuación en la universidad, para luego pausar nuestra amistad porque se fue a España a seguir con sus estudios de escenografía y dirección teatral, la vida me volvió a juntar a su lado cuando volvió a Chile, dado que en un momento difícil  de mi carrera actoral en el programa Cachureos de la Tv de cambios y transiciones me vi en la necesidad de pedirle trabajo en la empresa de su mamá…trabajo que me abrió puertas como un vendedor, una oportunidad de la cual siempre le estaré agradecido a él y su familia, trabajo que desempeño hasta hoy con el mismo profesionalismo y que amarró un pedazo de su vida a la mía, un nudo resistente a tantos años de amistad, a momentos dulces y también amargos, porque la vida tiene ambos sabores y a pesar que venimos de familias muy distintas la familia de mi amigo Carlitos, compuesta por su hermana menor y su madre, ellos también caminaron por senderos dolor y sacrificio para ganarle a la vida cuando el corazón tiene todo en contra.
Carlitos era el típico amigo que se llevaba bien con todo el resto de nuestros compañeros, habiendo pequeños grupos naturales de amistad nuestro compañero podía transitar y arribar en cualquier grupo. Su faceta goleadora en los partidos de fútbol de la clase de educación física lo hacía destacar a la hora de formar equipos. Con su bolso deportivo gigante de marca ligada al tenis, no pasaba desapercibido cuando entraba a la sala de clases. Con un humor distinto, una tranquilidad disfrazada, daba luces de ser un rebelde en potencia a la hora de contestar un llamado de atención de un profesor, siempre listo a la devolución verbal irónica lo llevaron más de una vez a enfrascarse en problemas conductuales con la autoridad escolar. Y si yo tenía un grupo de amigos definidos en el curso, nuestros grupos de amigos a la hora de juntarse nos potenciábamos haciéndonos más fuerte cuando se trataba de mandarnos una cagada grupal. Así en el cruce diario del día a día con el pasar del tiempo me di cuenta que Carlitos dejaba entre ver sus buenos gustos musicales. 
Muchas veces llegaba al colegio con discos CD de bandas que aún no llegaban a las disquerías de nuestro país, pero en la amistad y buena onda me los prestaba para escucharlos, entre aquellos discos había una banda que sonaba de una manera especial y distinto a todo lo que ya estábamos escuchando, esa banda se llamaba Candlebox, sin previo aviso se transformó en uno de mis discos preferidos también, imágenes llenas de nostalgia  que vienen a mi memoria cuando entre varios amigos nos prestábamos cassette, discos y revistas de música, donde opinábamos quién era la mejor banda, sus influencias, los videos clips televisados en esos años, más de algún compañero ya se dejaba ver con una guitarra acústica de palo en los pasillos de nuestro colegio para compartir los riff de las canciones de bandas famosas y por ende sus preferencias musicales por el rock de años 90.
Así fuimos creciendo y nuestras ropas ya estaban rotas, nuestras voces ya habían cambiado y la forma de mirar el mundo también, tus cuadernos y libros más descuidados, con menos materias que estudiar, apuntes incompletos, te vuelves más rebelde y te crees autosuficiente aunque no lo fueras. Aparecen tus problemas de juventud, el cuestionamiento constante de buscarle un sentido a tu joven vida. Las ganas de dejarnos el pelo largo porque sabíamos que sería una guerra dentro de nuestro colegio, buscábamos la manera que nuestro cabello no se notara más de lo normal para ocultarlo ante los sapos inspectores del colegio. 
Al juntarnos en grupo para pasarlo bien, aparecieron las cervezas, las botellas de pisco, el ron y los cigarrillos sin filtro, los encendedores de marca zippo, un aro y un tatuaje en mi brazo. También las fiestas de colegio en donde antes de irnos de parranda el punto de encuentro sería la casa del amigo que la prestara para tomarnos unos cuantos tragos que nos hacía sentir que teníamos el mundo en nuestras manos. Nuestro gran amigo Sebastián T. D. transformó su casa en nuestra casa club a la hora de hacer la "previa" todos juntos. Nos sentíamos libres pero detrás de esa libertad siempre había algo que escondíamos, porque hasta el trago más dulce también tenía un sabor amargo, me refiero a la disconformidad de tu vida, tus cuestionamientos en dolores silencioso propios de nuestra juventud. Si no había casa para bebernos una cerveza, las plazas fueron nuestras compañeras más fieles y más de alguna oportunidad siempre con el miedo de que los carabineros nos pusieran en aprietos a la hora de hacernos un control de identidad por ser menores de edad.
Tenía quince años cuando la navidad de ese entonces llego a mi vida un regalo muy deseado que aún guardo estando rota e inservible, mi guitarra eléctrica roja Arial pro japonesa y el pequeño amplificador marshal que luego cambié por un Laney más grande de doble parlante. 
Al tocar y pasar de mis acordes de la guitarra tradicional a la de cuerdas metálicas permitía acercarme a ese sonido distorsionado de guitarra de rock verdadero que tanto me gustaba. Tocando y tocando de forma autodidacta buscando la sensibilidad de tu oído, lograbas de alguna manera sacar esas canciones que escuchabas en tus discos preferidos. Conectada al amplificador el volumen y el drive al máximo nivel estando solo en mi casa después del colegio, me pusieron en más de un aprieto con la vecina llamada Margarita S. de la casa apareada a la de mis padres porque muchas veces me iba a golpear la puerta para pedirme que bajara el volumen de mis artefactos musicales, para no hacer problema entonces tocaba mi guitarra despacito para no molestar a nadie, hasta que un día sábado se encontró con mis papás y la señora nunca más toco la puerta de nuestra casa, al final del día mis padres la habían mandado respetuosamente a la misma mierda, entonces había que hacer sonar esa guitarra moviendo la perilla del volumen a casi el máximo.
Nadie se quedaba afuera de los gustos musicales dentro de nuestro curso, recuerdo con mucho cariño a un amigo muy talentoso que nos llevaba ventaja cuando tomaba la guitarra, este compañero se llamaba Cristian H. amante del sonido de Metallica y su padre tenía una banda musical, el talento heredado era evidente. Había otro compañero llamado Daniel A. que ya tomaba las baquetas con ganas de sentarse en una batería, Sebastián T.D. apareció sacando sus mejores sonidos rítmicos a un bajo, con nuestro amigo Juan Pablo P. en guitarra.
Buscando en mi baúl del pasado, no recuerdo en qué momento éramos un lote bastante grande de amigos del rock donde todos juntos, con Carlitos E. entre todos se nos ocurrió arrendar una salita de ensayo ubicada en el caracol de Av. Apoquindo, era famosa en aquellos años porque allí ensayaba una banda chilena llamada Los Panzer, con instrumentos y unos amplificadores que no sonaban del todo bien tratábamos en una hora de tocar algo, y si la sala estaba ocupada nos organizábamos para arrendar en Av. Irarrazabal…así entre los cables enredados, distorsiones, guitarras, un bajo y la batería descargábamos en la música un grito de rebelión amplificado con acordes que sacaban un buen cover, sentíamos que algo estábamos diciendo a través de la música. Improvisaciones en letras, tu espíritu de artista se ponía a prueba como un creador rebelde autodidacta.
Con influencias de grandes bandas como Nirvana, Radio Head, Candlebox, Alice in Chains, Dishwalla, un día a Carlitos se le ocurre formar una banda, porque en nuestro curso ya se había formado una con algunos de nuestros amigos más cercanos. Sin dudarlo nos juntamos un día para colocarle un nombre y llamamos a nuestra banda de rock Ginebra Suiza, nos gustaba  porque sonaba bien, nos representaba por estilo, sabíamos que era el nombre de un trago dulce que al beberlo te golpeaba fuerte dejándote bien mareado. Teníamos solo el nombre y las ganas, nos faltaba el resto de los integrantes. Hablamos con nuestro amigo "chapulín" llamado Enrique C. que siendo de personalidad más infantil dentro de nuestro curso ya mostraba habilidades y destrezas como un potencial baterista…pero no teníamos bajista. Por cosas de la vida nuestro amigo Juan Pedro I. el brasuca que llegó desde el país hermano en primero medio a ponerle un combo en el hocico al que era el más matón de nuestro curso, eso lo llevó a ganarse el respeto de varios otros en el Campino, aunque detrás de ese joven rudo había un buen amigo que apañaba en todo, eso era lo importante para nosotros.
Una vez en el kiosko de nuestro colegio un concurso de la Coca Cola regalaba un instrumento musical, un bajo nuevo y cero kilómetro. Las tías que atendían el kiosko de confites le tenían mucho cariño al brasilero, por esa razón hicieron toda una "movida" para que nuestro compañero y amigo se lo ganara, apenas se ganó el bajo de 4 cuerdas color negro azabache fue reclutado por Ginebra Suiza para que fuera el bajista…pero había un pequeño gran problema, nuestro amigo no tocaba ni sabía de música, pero eso no era problema para nosotros, ya teníamos un "bajista".
Nos juntábamos en la comuna del Macul en casa de "chapulín" porque en su patio tenía una especie de bodeguita de madera de dos metros cuadrados de espacio donde cabía su batería y nosotros. Apretados entre cables, micrófonos y amplificadores le enseñamos los acordes más básicos a nuestro bajista que el destino nos había regalado. A todo volumen, con las distorsiones de los pedales al máximo dejamos recuerdos plasmados en fotografías y cuadernos donde apuntábamos nuestros acordes y la letra de una balada que mi amigo Carlos escribió. Acordes que nunca olvidé porque fue nuestra primera canción, creada con tan solo 3 notas. Su letra fue una inspiración personal de un loco amor juvenil, el sonido melancólico nacía a partir de una vivencia, de una decepción, de la rabia, una balada sencilla que el tiempo dejó una huella en nosotros. 
Entre ensayos, música y juventud con Carlos pasamos mucho tiempos juntos en la casa de la calle el Pillán, también ensayábamos con nuestras guitarras, así una vez llegó carabineros con un reclamo de un vecino por los decibeles y lo único que consiguió fue que le diéramos más volumen a nuestros amplificadores, de eso se trataba, ir en contra de algunas cosas.
En la semana del colegio tocamos por primera vez frente a un público, unos covers y dos temas propios, si sonamos bien o mal eso no importaba, Ginebra Suiza estaba tocando frente al colegio, nuestro bajista ya tocaba, chapulín le pegaba fuerte a la batería, Carlitos cantaba con su maravillosa guitarra Gibson reventando sus cuerdas vocales y yo me perdía en el sonido distorsionado de mis acordes, había algo que decir, teníamos algo que mostrarle al mundo, teníamos un sueño, un pequeño gran sueño, tocar en una banda. 
Y así se nos presentó otra posibilidad de tocar en una tocata en el gimnasio municipal de la Florida, así más ensayos y por ende más tiempo juntos con mi amigo Carlitos, hasta nos fuimos al litoral central a la comuna del Quisco…fueron muchas las historias que compartimos entre el colegio, la universidad y el trabajo, bella curiosidad cuando la vida pone a tu lado un amigo con la cual  has compartido gran parte de tu vida, vivencias, historias, amante del buen vino que una copa sería el mejor testigo de tantas conversaciones que la vida nos regaló.
Hoy, hace muy poco nos juntamos en su departamento a sacar desde una bodega el VHS que grabó y guardó por tantos años una de nuestras presentaciones cuando tan solo teníamos 16 años. Al colocar el viejo cassette en el videograbador con el volumen de la Tv, un silencio nos dejó frente a la pantalla unos segundos melódicos y eternos donde nos reconocimos más jóvenes con 16 años, entre los sonidos de nuestras viejas guitarras, la batería del chapulín y un bajo que aun perdidamente sonaba, era nuestra banda de rock en imágenes cargadas de nostalgia desde el pasado, la voz de Carlitos cantando su balada escrita hace 31 años…mis ojos humedecieron de felicidad, le di un abrazo y las gracias a mi amigo por aun estar a mi lado…tomé su guitarra acústica comencé a tocar los acordes que nunca olvidé, mi amigo comenzó a cantar su letra apuntada en una tablet, sin darnos cuenta allí estábamos los dos jóvenes rockeros, los mismos pero más adultos, junto a su voz y el acorde de una guitarra que se grabó dentro de mí en el sonido de una larga amistad.

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