Donde Se Cruzan Los Caminos
"Los mejores amigos no pueden describirse con palabras, es más adecuado describirlos con los recuerdos que comparten juntos, porque los recuerdos no envejecen se quedan ahí intactos, como si el tiempo los hubiera protegido"
En el proceso de mi enseñanza media y cuando parte tu juventud crecen las ganas de conocer nuevos amigos. Ya no bastaban los amigos del colegio, la llegada a Santiago había significado un cambio rotundo en mi vida, mi adolescencia en desarrollo buscaba la manera de conocer y hacer nuevas cosas para la búsqueda interior de tu identidad, de tu propio "yo". En casa me gustaba tocar la guitarra de madera que mis padres me habían regalado para una navidad cuando tenía 10 años, acordes tontos y el impedimento por tener mis dedos más pequeños me habían frenado la idea aprender a tocar guitarra en aquellos años, pero ya había crecido, con 14 primaveras y los pasillos del colegio ya me gustaba escuchar a esos alumnos que sabían tocar la guitarra, partí solo con tres acordes y un viejo manual de Alicia Puccio pero estaba consciente que no sería fácil.
Entre mi gusto por la música, la guitarra y la búsqueda de mis propios caminos, recuerdo que junto a mis padres íbamos a misa en el edificio del seminario pontificio mayor en la Av. Walker Martínez de la comuna de la Florida, unas cuadras más abajo donde vivíamos. Si bien las misas son siempre lo mismo, aquí había algo distinto, el coro de seminaristas cantaban muy hermoso que me llamaba la atención junto al grupo que los acompañaban con sus guitarras. Le comenté de mi loca idea a mis padres en ese mismo momento, me armé de valor, les dije a las personas del grupo, quiero tocar junto a ustedes y la respuesta fue "sí", tienes que venir a ensayar con nosotros ¡¡
Y así fue…una vez a la semana en las tardes y los días domingos antes de la misa 1 hora antes para el último ensayo junto a los ángeles humanos del seminario que se alistaban para ser curas, mi guitarra ya sonaba junto a las de otros.
A veces dicen que los destinos están escritos desde mucho antes, que alguien traza los caminos de tu vida porque es este el punto que me llevó a conocer a mis mejores amigos de mi juventud, a formar parte de un grupo juvenil de una pequeña iglesia de madera que se caía a pedazos y a revelarme contra Dios al mismo tiempo, sin saber ni ver mis destinos ayudé a colocar la primera piedra a la parroquia que muchos años más tarde su altar me recibiría el día de mi matrimonio junto a Karen, que por los mismos caminos de la vida y el tiempo la vi por primera vez en los patios de una vieja parroquia, pero eso es otra historia para escribir y contar…
Llevaba algunos meses tocando en el coro del seminario la mañana de un domingo cualquiera se me acercó una mujer con cara de pastoral a pedirme si podía con mi guitarra tocar en la misa del medio día en una parroquia pequeñita llamada San José de las Mercedes, porque los fieles asistentes cantaban solo a capela. Propuesta que yo amablemente acepté, la semana siguiente después del seminario tomé la guitarra y caminé derecho por la calle Curtiduría hasta el fondo antes de llegar a Gerónimo de Alderete, cuando me encontré con una diminuta capilla construida de madera mal pintada color blanco que se desarmaba con solo mirarla, su puerta desencajada y chueca al entrar me decía que me había metido en un problema, sin altar, sin micrófonos, ni sillas, solo algunas bancas de madera chuecas mal clavadas yo tenía que tocar las canciones para la misa que comenzaría en media hora. Entre mis hojas de apuntes y mi guitarra, llegó una niña de lentes similar en mi edad con otra guitarra que se presentó como Paola M. y me dice "vamos a tocar juntos", aquí traigo la lista de canciones y tu guitarra parece que está desafinada…"patá en la guata" en FA sostenido mayor, me dieron ganas de decirle, "hola" me llamo Freddy… nada que hacer ya estábamos en el arco para atajar ese penal y el momento había llegado. Las personas se habían puesto de pie y la santa misa había comenzado. Para ser la primera vez no estuvimos tan mal con mi compañera de acordes. Los feligreses nos daban las gracias, el cura no dijo nada porque al parecer le quitábamos protagonismo. Y los adultos mayores eran los más agradecidos por haber tocado sus canciones y alabanzas a dos guitarras.
La semana siguiente quedamos en juntarnos a ensayar, Paola ofreció su casa que estaba ubicada en la calle Curtiduría sin saber que vivíamos tan cerca yo tenía una excusa para planificar mis días, pero por sobre todo yo ya tenía mi primera y gran amiga. Así nos fuimos conociendo poco a poco y nuestra amistad también. Conocí a sus padres que eran personas maravillosas al igual que sus dos hermanas. La familia de mi amiga, gustaba del folklore, de los bailes típicos nacionales, participaban en actividades de colegios a las cuales tuve la oportunidad de asistir varias veces a verla. Teníamos muchas cosas en común, con la Pao podíamos pasar muchas horas arreglando el mundo, bella amistad porque de forma paralela empezábamos a conocer a más jóvenes pertenecientes a los grupos juveniles de nuestra querida y vieja parroquia. El tiempo pasaba y los sábados estábamos llenos de actividades, tuve grandes amigos porque aún mantengo de alguna manera mis mejores recuerdos de cada uno ellos, eso con el tiempo nunca desapareció, por el contrario los dejé guardados en un lugar muy especial dentro de mí.
Así también conocí a la Paula G. cerca de la calle El Llaverío, una muchacha que al parecer era una líder natural dentro de las organizaciones de actividades parroquiales de la comuna de la Florida, no mentiré en mi relato que nos caímos pésimo desde el primer día que me tocó llevar a cabo una actividad junto a ella. Yo la encontraba "pinta monos" porque le gustaba llamar la atención y ella a mí me encontraba un huevón creído…pero la vida tiene muchas vueltas, la vida nos cruzó, hoy seguimos siendo amigos cercanos, cariñosos junto a nuestras familias después de 32 años. Ese nudo de amistad nunca pudo romperse con el pasar del tiempo, por el contrario se hizo más fuerte.
Tantas historias que contar que faltarían líneas de redacción en mi relato porque en nuestra juventud y mis 16 años los papás de Paula y su hermano me querían mucho, siempre depositaron su confianza en mí, siempre le dieron permiso para salir a una fiesta conmigo, siempre respeté la hora de llegada, pero mi amiga abusaba de mi nobleza y se me arrancaba con sus locos pinches juveniles… allí estaba yo, tapando sus locuras que comprometían mi palabra frente a sus padres…fui tan querido en su familia que hasta me invitaron a vacacionar en camping frente al mar en la playa de Tongoy y no a su pololo, que por lo demás también se lo había presentado yo porque era mi amigo.
Viajamos toda la noche hasta las arenas de la playa de Tongoy en la cuarta región casi al final de la enorme herradura habíamos instalado nuestro camping, la subida y bajadas de las mareas escribieron muchas historias para contar y reír como cuando sacábamos machas y almejas del mismo mar con nuestros pies, las preparábamos en las conchas de ostiones que recolectábamos en la misma playa, las comimos con huevo, causeo con limón y cebolla. Habríamos nuestras carpas temprano por la mañana directo a las olas del mar, sus bellos atardeceres, las noches estrelladas de los oscuros cielos de Coquimbo dejaron recuerdos inolvidables de nuestra amistad…como cuando a Paula se le ocurre ponerse un aro en la nariz sin permiso de sus padres y yo tuve que apañar, me coloque uno en la tetilla que después de tres días se me infectó por tal estupidez de no pensar, o cuando en la playa nos juntamos con otros amigos se tomó una cerveza que la dejó hablando huevadas hasta por los codos, esa si me dolió porque me llevé el sermón de sus papás…conversaciones profundas y divertidas junto a su hermano Edgar al cual tuve la oportunidad de compartir sentados en la orilla frente al mar con un arrebol en los cielos y una taza de café entendiendo un poco lo que a veces la vida pone delante de nuestros ojos cuando somos jóvenes, cuando queremos tener el mundo en nuestras manos para vivir de prisa, cuando no sabemos lo que el destino trata de decirnos al cruzar historias o personas que con el tiempo son valiosas porque la vida las puso en tu camino, o porque simplemente la vida tiene el derecho de arrancarlas del lado de las personas que más quieres, eso lo entendí cuando mi gran amiga tuvo que decirle adiós a su propio hermano hace algunos años atrás frente a mis ojos de cara al dolor.
Los amigos que la vida me había regalado a todos ellos los atesoré porque fueron un sendero en mi vida juvenil, en su mayoría todos pertenecientes a los grupos juveniles de las parroquias San José de las Mercedes y San Alfonzo de jardín alto, fuimos gigantes e inquebrantables, hicimos comunidad, participamos de largas caminatas como la del padre Hurtado, agobiantes peregrinaciones como la de Teresa de los Andes, eventos juveniles masivos porque queríamos cambiar el mundo por algo mejor, hicimos iglesia ayudando a otros, la amistad se basaba en tener un clan de intereses y sueños en común…que grandes amigos tuve ¡¡, que rico recordar mirando atrás todo lo que hicimos por ser mejores, nuestras fiestas y carretes, nuestro melón con vino en la playa con el sonido de una guitarra me dejó un sabor para nunca olvidar. Nuestras juntas diarias en la escalera de los videos juegos o la mesa de Pool de los locales de la Av. Walker Martínez. A todos ellos hoy los traigo a mis viejas memorias de juventud escritas en imágenes bajo la sombra de una historia de mi diario personal.
Y si más de alguno leyera lo que en estos momentos escribo, sabrá que es verdad porque un "amigo de la vida" como me gusta llamar a esas personas que con el paso de los años nunca se fueron y que el tiempo siempre protegió para ser parte de mi historial de bellos recuerdos. Aquí están, entre palabras, entre líneas…muy presentes.
No todo fue dulce en la historia de este relato, con el paso del tiempo y los años, habían cosas que yo no compartía con quienes dirigían nuestra fe, entre ellos mi propia iglesia, sus sacerdotes y todo intermediario retrogrado que alejaba y castigaba…se escribía y borraba con el codo, te hablaban de un Dios misericordioso y a los amigos(as) que les toco ser padres adolescentes, los echaron cagando de sus colegios católicos, los sacerdotes te hablaban de austeridad y en sus manos estaba el oro que tal vez otros necesitaban, charlas de humildad y los señores manejaban autos de marcas de lujo…dentro de mi algo no me cuadraba y por esa razón mandé todo a la mierda, me fui del grupo juvenil mandando a la cresta al cura imbécil de mi parroquia que me puso un sermón delante de todos mis amigos el día que una amiga se sentó en mis piernas y andar viendo pecados donde no los hay, pero recordándole que mis amigos y yo habíamos ayudado a poner el primer ladrillo de la iglesia donde él estaba parado. Me alejé triste con sentimientos encontrados de muchas dudas, pero a mis amigos nunca los dejé de ver, los seguí visitando los días sábados que se preparaban para su confirmación, yo los esperaba afuera en la calle sentado en la cuneta después que ellos terminaban sus jornadas juveniles, en menos de una semana ya me había rebelado contra mi fe y para salvarla tenía que abandonar mi propia iglesia…
En los caminos de la vida encuentras un punto infinito de amistades reales que caminaron junto a ti dejando recuerdos valiosos en tus memorias de juventud, profundas conversaciones, carretes y cigarrillos bien conversados trazaron nuestros destinos por distintos que fueran, tienes la opción de avanzar por veredas distintas sin olvidar de quienes somos y fuimos, los buenos amigos dejan algo valioso en ti para resto de tu vida y yo tuve mucha suerte…suerte que hoy agradezco porque en mi juventud estuvieron los mejores.
Hoy con el paso de los años navego en mis redes sociales desde un plano más bien lejano como un simple espectador de sus vidas, mantengo de alguna manera una cercanía digital por así decirlo, los veo felices a través de una fotografía, una historia publicada junto a sus familias, profesiones, hijos, viajes, uno subiendo montañas o en la lejanía de otro país…pero allí están, algunos también en soledad porque la decepción con el dolor son buenos maestros para volver a ponerte de pie…creo que un "like" nunca será lo mismo que los abrazos de felicidad que nos regalamos cuando fuimos jóvenes, porque de esos momentos quedaron nuestros mejores años un poco borrosos con el paso del tiempo.
Entre las calles Gerónimo de Alderete, Curtiduría, Sta. Delia, Alicahue y Sta. Mónica se escribieron para mi vida las mejores historias de amistad, sueños y juventud…donde se cruzan los caminos en las afueras de aquella parroquia hoy grande bella en su construcción sólida, porque años después en ese mismo lugar conocí a Karen, allí nos casamos y aquel día en el coro de la misa de mi matrimonio cantó y toco la guitarra mi amiga Paola M. con la misma que yo una vez toqué en una "diminuta capilla construida de madera mal pintada color blanco que se desarmaba con solo mirarla"…con el tiempo mi espiritualidad volvió a florecer… había recuperado mi fe.
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