La Casa Quinta...
Así fue como la vida
y mis abuelos ayudaron a mis padres en su partida en la travesía de ser padres,
vivíamos en la casa de mis tatas…toda mi niñez hasta empezar mi adolescencia la
viví allí…y es aquí donde gran parte de mi vida, es donde los recuerdos no se
olvidan, se guardan en un lugar importante del corazón…
La casa Quinta de
mis tatas era una casa super grande, las primeras imágenes que vienen a mi
cabeza era una casa de frontis color rosada…todo era grande los pasillos, el
patio, las piezas…para llegar allí había que subir una enorme escalera de
cemento…se llamaba casa quinta porque tenía un enorme patio, donde mis abuelos
criaban animales como conejos, patos, gallinas, gansos, hasta cerdos llegaron a
tener…el patio de la casa estaba rodeado de árboles frutales de todo tipo como
duraznos, naranjos, ciruelos, damascos, un pasillo largo tapado de parras de
uva que daba una rica sombra en época de verano, al punto que al final de la
quinta había una pequeña vertiente donde también habían peces…y una gran
higuera donde junto a mis primos nos columpiábamos con un viejo y grueso
cordel.
Para entrar a la
casa de Chirimoyo 100 había que tocar un timbre que sonaba muy fuerte…al entrar
había un pasillo largo, de muchas ventanas y tragaluces en el techo…plantas y
un hermoso reloj antiguo mecánico de madera que solo mi tata tocaba para darle cuerda.
La casa tenía grandes dormitorios, de techo altos y un living grande que
recibía a los familiares y fiestas que allí se celebraban…pero de eso escribiré
más adelante…
En la casa crecí
junto a la hermana menor de mi mamá…mi tía Erika ( nunca le dije tía, porque yo
la veía como una hermana) pero crecimos juntos, ella me quería mucho, también
peleábamos porque yo le sacaba las cosas y me terminaba haciendo amigos de sus "pololitos"…en
realidad yo era el "pegote" que no la dejaba conversar con sus
pretendientes, ya no recuerdo cuantos invitó a la casa, pero de que fueron
muchos si lo fueron…de los años de los cuales hablo eran todos adolescentes…
jóvenes respetuosos, pololeos inocentes de una hermosa juventud de los años 80…
A la casa también
llegaron a vivir con los años mi tía
Maggie, otra hermana de mi mamá, junto a mi tío Lucho y mis queridos primos
Marcelo, Mauricio y Alejandro con ellos crecí y compartí aventuras en aquella
casa que nunca podré olvidar…(relatos que merecen ser escritos como capítulos
especial)
Cuando niño me
encantaba ir a regar con mi lela, yo era el encargado de llevar las mangueras y
dar el agua, a veces nos poníamos botas de goma para no mojarnos los pies…con
mi lela pasábamos toda la tarde regando los árboles junto a los perros que
también eran mis amigos…
Mi lela era muy
especial…era bastante estricta y no le gustaba que le sacaran la fruta ni le
rompieran las plantas, yo era fiel
compañero de los jardines… Aun recuerdo en época de primavera cuando los cerros de la quinta se pintaban de color amarillo
por los árboles aromos que florecían, los pinos verdes y los eucaliptus que
emanaban aromas deliciosos…así como también los jazmines, las camelias que mi
lela tanto cuidaba de su jardín, cuando una camelia se caía…mi lela me hacía
colocarla en la figura de la virgen que estaba afuera de la cocina…me decía que
así ella nos cuidaba…
Mi tata en su taller
tenía muchas herramientas, recuerdo que desde niño cuando el trabajaba
arreglando "cosas" en la casa me enseñaba a como manejarlas, a tal
punto que una vez prendí el famoso soplete manipulando aquel aparato con
bencina y fuego para ayudarle a mi papá a arreglar una llave de agua que estaba
mala…cuando mi papá me vio, se quedó mudo, pálido sin saber que decir…el
peligro era evidente. Mi tata me contaba historias de cuando era conductor de
los trenes, el cortaba boletos y dirigía al maquinista…el siempre se levantaba
temprano a trabajar, veíamos televisión juntos, a veces salíamos a comprar
verduras el sector de los camiones, yo le ayudaba a traer las bolsas con
verduras…
A veces mi lela me
pasaba la pala y yo trabajaba para que el jardín de la casa siempre se viera
bonito, me mandaba a recoger las frutas maduras que los árboles botaban. Al
final del día de trabajo mi lela me daba una platita en compensación por
ayudarle…en la noches me gustaba quedarme hasta tarde en la cocina con mi lela,
veíamos películas, especialmente una serie que tanto le gustaba llamada
"Los Emigrantes", ella hacía puzzles del diario La Estrella, para
ello me mandaba a buscar sus lentes que siempre estaban sobre su velador y en
el mismo lugar …conversábamos de todo…aun la recuerdo fumando un cigarrillo de
marca Hilton y tomando un tecito juntos en la cocina antes de ir a dormir…
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