Terremoto del 1985


La tarde del 3 de Marzo de 1985 cuando todo parecía un día normal junto a mi familia en la casa quinta de mi Lela, recuerdo que había llegado una tía muy querida a visitarnos, la tía Noemí una señora grande cariñosa, muy alegre, de cabello gris en brushing perfecto que siempre calzaba con sus vestidos en color azules en flor. Esa tarde habían estado compartiendo un rico almuerzo que mi lela preparaba, entre las conversaciones, las risas y a la jarra de vino la tarde transcurrió muy agradable junto al color amarillo intenso de los árboles de aromo en los cerros que rodeaban aquella enorme casa. 

Con tan sólo siete años y con mi papá, éramos los únicos hombres aquella tranquila tarde de Domingo, también estaba mi mamá, mi tía Erika, pero esa tarde les perdí el rastro yo andaba jugando con los perros cerro adentro...mi Lela junto a las visitas paseaban entre los árboles frutales, mostrando y recogiendo las ciruelas que los árboles botaban...cerro más arriba yo ni idea de lo que vendría aquella tarde cuando el reloj marcara las 19:45...un fuerte ruido desde la tierra me paralizó por completo, entre los árboles me vi solo, los perros ya no estaban a mi lado cuando la tierra comenzó a moverse desde adentro, sentí miedo, los movimientos aumentaban como también los gritos de las personas que vivían entre los cerros en sus pequeñas casas clavadas en la tierra, los ladridos de los perros y sus aullidos no paraban...sin saber que hacer a lo lejos veía a mi Lela junto a la otra tía que comenzaron a correr para acercarse a la casa, el temblor ya no era temblor... el pasillo del parrón de las uvas que conectaba el patio principal se movía como quien sacude una larga alfombra de cemento con fuerza inmedible donde los parrones botaban sus racimos producto de la fuerza de los movimientos que iban en aumento...los gansos graznaban a lo lejos cuando sentía los gritos de mi padre llamándome desde más abajo, pude ver que se acercaba a paso rápido entre los parrones su cara de susto logró llegar hasta donde yo estaba entre los árboles, me tomó de la mano para que corriéramos juntos...lo que estaba pasando no pintaba bien el temblor ya era un terremoto...pero, que sabes de un terremoto cuando solo tienes 7 años? Mi papá me tomó en sus brazos comenzó a correr fuerte en ese largo pasillo pocos metros atrás me di cuenta de la gran piedra que había caído desde lo más alto del cerro que encerraba la casa de mi Lela, destrozando por completo el cerco y las latas que separaban al cerro con los pasillos de la casa quinta, por poco esa gran piedra nos alcanza pero mi papá nunca me soltó hasta llegar cerca del patio principal...entre los gritos de mi Lela, las visitas y los gritos de mi mamá atrapada en el portón del pasillo, veía como se sacudía la tierra a nuestros pies. Por otro lado al fondo del pasillo mi tía Erika salió gritando desde el dormitorio, porque estaba durmiendo su siesta,  la vi correr para tratar de llegar al segundo pasillo a juntarse con mi mamá, bajo el marco del portón del pasillo, fue tanto el miedo de mi madre que un par de suaves cachetadas de la mano de mi Lela tuvo que recibir para que reaccionara....mientras unos palos caían desde el techo, las dos se abrazaron bajo la imagen yeso de nuestra virgencita que mi Lela tenía afuera de su cocina con flores.. había también una pileta de agua que daba hacia los jardines principales, la presión con los fuertes movimientos la rompieron por la mitad como si nada...yo nunca me solté de la mano de mi papá porque pensaba que la tierra se partiría en dos partes...los sonidos de la casa, los grandes ventanales algunos ya rotos, me hacía creer que todo se había acabado...pero no lloré, me hice el valiente, mi papá y yo éramos los hombres de la casa...ahora que soy adulto sé que ese terremoto duró 120 seg. pero siendo un niño para mí fue demasiado largo e interminable...cuando la tierra calmó sus movimientos, las visitas que ahora tenían sus caras pálidas se retiraron a sus casas y a la tía Noemí la vino a buscar su hijo, el gran día había terminado, a la mierda con todo, vamos sacando, sillones y colchones para afrontar la noche que se vendría con fuertes réplicas y a oscuras por los cortes de luz.

Una vez ya instalados en nuestro campamento del patio, acompañé a mi papá a buscar unas cosas a las piezas... la casa de adobe de mi Lela había aguantado todo en gran parte la del sacudida de esa tarde, eso sí los dormitorios quedaron muy dañados, fracturados, rotos con la fuerza de aquel movimiento desconocido para todos nosotros. En el patio las gallinas y gansos estaban muy callados esperando que llegara la noche, los perros pegados a nuestras piernas, nosotros esperando a que llegara mi Tata de su trabajo...mi tía Maggie con mi tía lucho y mis primos que ese día andaban en Santiago...las horas pasaron y la puerta principal que daba hacia la calle la habían dejado abierta, nosotros sentados comiendo un trozo de pan con una tasa de té nos cobijábamos con frazadas en el patio sin saber que pasaría...ante esa luna que alumbraba nuestros rostros inciertos en el patio, mi papá trataba de sintonizar la radio a pilas para escuchar las noticias de la gran catástrofe que habíamos vivido. Lejos y en silencio de la noche se escuchaban las personas bajar por los cerros y escaleras porque seguramente iban a visitar a sus familiares entre la preocupación y el caos de esa madrugada...a nosotros nos visitó bajando del cerro un vecino que vivía en una casa que se parecía la letra A llamado el Nano. Este personaje se suponía que bajo del cerro entre los árboles con su linterna a ayudarnos a estar tranquilos pero entre las conversaciones el hablaba a cada momento que vendría un maremoto con una ola gigante que entraría desde la playa portales hasta dentro...me inquietaba la idea de que una ola gigante llegaría hasta nuestra casa en la mitad del cerro donde nos encontrábamos, al menos eso es lo que mi imaginación de niño recreaba al escuchar las conversaciones de los que allí estábamos. Antes de que viniera cada temblor los gansos y los patos se metían al agua en señal de avisarnos. Mi mamá nunca le sacó la vista al ganso blanco llamado "pepito" no falló en toda la noche en anticipar las réplicas...

Mucho más tarde llegó mi Tata entre la oscuridad de aquél acontecimiento le costó llegar desde Viña del Mar por los atochamientos en la calles, también nos visitó un hermano de mi papá, para luego ver llegar a mi tía Maggi con el tío Lucho y mi primo el Jano que por suerte estaban bien, nos abrazamos fuerte al vernos esa noche... quedándonos todos en el patio bajo el parrón junto a una tasa de café y la fogata que iluminaba nuestros rostros de miedo y la felicidad de estar juntos...

"el terremoto de 1985 en la región de Valparaíso tuvo una magnitud de 7.8 en la escala de Richter, dejó 178 muertos, 2575 heridos y casi 1 millón de damnificados" Diario La Tercera 03-03-2020 en el Aniversario de los 35 años del Terremoto"



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