Las Fiestas Familiares (primera parte)
El 18 de Septiembre
"Había una vez¡¡ un circo que alegraba siempre nuestro corazón" era la canción que cantaba mi primo Mauricio cuando atravesaba el pasillo de la casa hasta llegar a la ventana que estaba afuera de la pieza de mi Lela, nos levantábamos rápido junto a Marcelo y el Jano para correr con emoción hasta la entrada de la casa...había llegado Septiembre¡¡ Una gigante carpa de colores amarillos con líneas rojas se había instalado en la caleta Portales frente a nosotros, el circo marcaba la partida del mes de las fiestas patrias que se hacía sentir desde el primer momento con los gigantes elefantes hasta salvajes leones enjaulados que eran el gran atractivo del arte circense de aquellos años. El perifoneo de una camioneta anunciaba las funciones de matiné, vermouth y noche como así también los colores de esa gigante estructura. El viento de los cerros junto al azul del cielo hacían resaltar los volantines que por tradición en esta época del año nos arrastraba a ser parte de las festividades. A medida que pasaban los días, sabíamos que se vendrían las fiestas familiares y junto con ello la llegada de tíos, primos y gente querida por todos nosotros.
Días antes del 18 había que preparar las casa quinta de mis abuelos, transformarla en algo parecido a una ramada, para ello recuerdo que junto a mi Tata nos levantábamos temprano, él con un hacha yo con un pequeño machete que mi Lela guardaba en el mueble de su cocina, para dirigirnos al cerro del frente y dar con los mejores árboles de eucaliptus para cortar sus ramas y llevarlas arrastrando vuelta a casa, pero el patío bajo el parrón era grande, por ello eran varios viajes entre ir y venir cargados tirando de la cuerda que ayudaba a trasladar muchas ramas a la vez...me gustaba cuando mi Tata me prestaba unos guantes de cuero grises que me quedan grandes, pero igual los usaba, me hacía sentir como "importante" jajaja obvio estábamos trabajando para la gran fiesta!! y yo era el ayudante de mi Tata...cabe recordar antes de seguir con el relato que días antes a mis primos y a mi, nuestros papás nos compraban una tenida de ropa o zapatillas dependiendo de la necesidad de cada uno en aquellos años para vernos bien presentados ante las visitas que llegarían a nuestra casa, a mi por ejemplo me llevaban al persa que se instalaba en los pies del cerro Barón cuando se podía...si no, era ropita americana de segunda mano que mi mamá le encargaba a veces a mi tía Nela...para aquellos tiempo daba los mismo si era usado, nuevo o hecho por nuestras mamás, era nuestra tenida del año¡ debo reconocer que lo que más me gustaba era tener zapatillas nuevas blancas...había que cuidarlas desde el día uno.
Mientras con mis primos doblábamos las ramas para ir dando forma de arco a la entrada del patío de la casa, mi tía Erika tenía la difícil misión de colocar las banderitas chilenas en los maderos transversales del parrón, eran sus buenos metros, había que hacerlo lento para que se vieran bien...doblando papelitos y métele corchetes para afirmar la línea completa de banderas que después con una tijera había que cortar, así la banderita flameara con el viento para que la hermosa decoración tomara vida como si fuese una ramada de verdad. Mientras algunos trabajaban en tareas asignadas por mi tía Erika, mi Tata se encargaba de tomar el hacha para cortar leña que se necesitaría para el fuego en nuestra parrilla que en realidad era un tambor cortado por la mitad hecho por mi propio abuelo. A mi Lela le gustaba colocar una vieja guirnalda de luces en el patio con sus tradicional ampolletas de colores que pintarían de color la la casa por sobre la misma se colocaba una cajita de luz que decía "el quita pena" esa cajita cumpliría la importante misión de recordarles a los invitados que a nuestra casa se venía a pasarla bien siempre en alegría y sin tristezas...era arto trabajo alistar la casa para la celebración del 18, siempre quedaban tareas pendientes como preparar la tierra en el cajón para jugar a la rayuela en la primera parte parte de la casa quinta hacia adentro, uno de mis primos alistando el tradicional juego de "la rana" que reuniría solo a los mejores en la destreza de achuntarle directo hocico del animalito de bronce.
La terea más compleja era la que realizaba mi Lela, la preparación de las empanadas debido a que serían muchas por la cantidad de invitados, desde hacer la masa hasta preparar el tan rico pino con los secretos que solo ella sabía...en la tarea de armarlas siempre ayudaban sus hijas, mi tía Nela junto a mi tía Maggi eran las ayudantes más rápidas para ese proceso...eso si, tenían que quedar como a mi Lela le gustaban. Al final se trabajaba en equipo en los preparativos para la fiesta familiar. Era hermoso recorrer la casa como habían quedado los patios con banderitas chilenas, en el living comedor sus pisos brillaban como espejo, el más importante de los protagonistas de esta fiestas el tocadiscos café marca Silver junto a su colección de casete piratas y vinilos de música bailables...serían los encargados de hacer bailar por muchas horas a toda la tropa de invitados.
Llegado el día 17 de septiembre, a mis papás les gustaba la idea de ir a mirar las ramadas de Valparaíso, estas se ubicaban en el cerro playa Ancha el famoso y reconocido parque Alejo Barrio, al ladito del estadio verde caturro...yo ese recorrido para mi ya era un clásico de salida porque mi Tata me llevaba al estadio a ver al "wanderito" en los tiempos que era seguro y bonito ver el futbol, me compraba su jamón queso con una pequeña bebida por si nos daba hambre en la tarde, además de ir abrigados porque los vientos de playa Ancha eran capaz de sacar la pelota de fuera del estadio. Hoy adulto cuando me preguntan que equipo de futbol me gusta...siempre digo "el wanderito", debe ser porque tu equipo lo llevas en un lugar especial dentro de ti, sin importar si son buenos o malos para jugar al futbol.
En el parque de las ramadas desde arriba lo que más veías es humo...por la cantidad de parrillas prendidas entre anticuchos, asados y una gran explanada de locales en ramadas verdes, la parte en donde se instalaban los juegos como la rueda, una pequeña montaña rusa que sonaban hasta los pernos que sujetaban el riel de los carros, carruseles, avioncitos y todo lo que pudieras imaginar en aquellos años en juegos mecánicos...mi mamá me compraba la famosa manzana confitada y a mi papá con mi Lela le gustaban los churros calientitos con azúcar flor...había que jugar si o si a tirar las argollas a unas botellitas con billetes, achuntarle era imposible, todo el mundo que jugaba a ese juego soñaba con llevarse un dinerito a casa. Una vez le hinché tanto las pelotas a mi papá para que me comprara un globo de esos con gas que se elevaban solos, no eran baratos así que mi pobre viajo hizo el esfuerzo y me lo compró, anduve todo el paseo con el globo, lo cuidé con mi vida entre tanta gente caminando en las ramadas de Valparaíso que no me lo fueran a reventar...ya de vuelta a casa con la micro llena de gente y yo sujetando mi globo logró llegar conmigo, se me ocurre la genial idea de amarrar el pequeño carrete de hilo con el que yo elevaba los volantines y así elevarlo lo más lejos posible...sin saber a la velocidad que se iría a los cielos, se llevó todos los metros de hilo...mi tan preciado globo se perdió en los cielos de portales, junto con él se fueron también las ganas de pedirle a mis papás que me compraran otro...
Ya el 18 de septiembre, por la mañana mi Lela ponía música a todo volumen, con las cuecas más conocidas, ya había ambiente y con alegría nos preparábamos para lo que sería el gran día...los primeros en llegar era mi tía Irma con el tan querido tío Tomás, del sector Santo Ossa específicamente desde el sector Parque Los Ingleses, con sus hijos Iván y el Tomacho junto a su familia de Llay Llay, su hija Scarlett, mi prima fiel compañera a la hora colocar la música, éramos los encargados de los cassette y discos de vinilos, hoy los recuerdo con cariño en mis relatos porque ellos eran viejos cariñosos. La tía Irma era la hermana de mi Lela muy querida en la familia se decían "comadres" cuando se juntaban las dos nadie las paraba, buenas para conversar, entre conversa y conversa siempre la tía Irma se tomaba una copita de vino con un poquito de mineral...ella decía para que no quedara tan fuerte...después de varias copitas el "aguita" no tenía ningún efecto, terminaban siempre riendo a carcajadas. Al tío Tomás lo recuerdo, porque era peladito y con un bigote cortito que agraciaba siempre su mirada tierna, un viejo cariñoso, educado, amigo y compadre mi Tata, una vez se compró una camioneta Combi Wolkswagen a la cual llamó la "María Josefa" que desde lejos se hacía sentir el fuerte ronroneo de su motor, no se cuantas personas cabíamos en esa camioneta pero siempre quedábamos en panne y eso era lo mejor de la aventura junto al Tío...lo recuerdo junto a mi viejo, el Tata, el tío Lucho jugando largas partidas de brisca en el largo pasillo de la casa, horas jugando cartas y tomándose un vinito....el tío Tomás era bueno para jugar rayuela y rana, era un rival duro para mi Tata aunque siempre hacían dupla, nunca lo escuché decir un garabato era una persona de la vieja escuela de la caballerosidad.
Ya pasadas las horas de la tarde llegaban más tíos y primos, primas. Mi tía Nela con el tío Nano junto a sus hijas mis primas la Jaquelinne y la Licha, la cosa ya tomaba onda, nuestra ramada familiar se hacía sentir la alegría. A medida que pasaban las horas el timbre de la casa no paraba de sonar seguían llegando otros familiares, otros tíos y más primos, la última en llegar era mi tía Lucy con el Yemo, la Lucy chica y la Maruja con todo su lote desde el cerro Cordillera. Así la música entre cuecas, cumbias, los encargados del prender el fuego para el asado se reunían alrededor de la parrilla con copa en mano entre conversaciones, nosotros los más chicos estábamos en nuestra salsa, la noche sería entretenida, nos acostaríamos tarde, nadie nos decía nada porque había fiesta. Junto a mis primos se preparaba el escenario del living comedor, para nuestras actuaciones, mi primo Mauricio era el encargado de dirigir el espectáculo o el sketch que la familia esperaba cada año, los aplausos serían solo para nosotros….todos bailando al son de la música, el humo de la carne, la piscola bien helada que los adultos disfrutaban vaticinaban una mágica noche de unión familiar porque nunca faltó la carne, ni el vino en aquellas maratónicas celebraciones, horas y risas por montón…mi Tata con unas copas era muy chistoso, nadie quedaba fuera, niños con adultos bailando…épocas pasadas donde estar juntos era lo importante, donde reír era el alimento del alma en tiempos de un país difícil, donde ver bailar a mis tíos y abuelos un tango de Gardel en una fresca madrugada de Septiembre frente al mar, dejaron un recuerdo imborrable en los corazones de quienes allí estuvimos junto al cenicero de colillas de cigarros que el tiempo también olvidó.
Comentarios
Publicar un comentario