Las Fiestas Familiares (segunda parte)

 El Año Nuevo

"Un nuevo año para los adultos, para nosotros…alegría, luces en los cielos y diversión"

Los días que anteceden al año nuevo en Valparaíso traen a mi memoria las imágenes junto a mis primos Marcelo, Mauricio y Alejandro en la búsqueda de la mejor piedra huevillo, el más plano con la mejor forma que ayudara a reventar los trocitos de pólvora que sacábamos de las famosas "estrellitas" que vendían en los negocios de los barrios de portales. Nosotros teníamos suerte porque el negocio de la señora Nena quedaba bajando la escala del Chirimoyo y en aquellos años a todo el mundo le vendían los cuetes, los voladores, las estrellitas, los guatapiques y petardos, si no tenías dinero la dueña del negocio te los anotaba en una libreta, el famoso fiado. Ni para nuestros papás ni para nosotros la pirotecnia fue un peligro, se la vendían a quién la quisiera sin importar la edad. Así con mis primos una vez que se acercaban estos días nos poníamos a reventar chispitas afuera en la calle, en el balcón que daba a la escalera en la entrada de la casa de mis Tatas. Colocábamos pedacitos de pólvoras pequeños en el suelo, bien apretados, luego colocábamos el huevillo encima, te tapabas los oídos y con fuerza con el pie le pegabas a la piedra. La explosión del polvorín era de tal magnitud que el sonido hacía eco al cerro del frente. Afuera de la casa teníamos el suelo negro manchado tanto reventar chispitas, moneda que te daban, estrellita que te comprabas además del dolor del pie y ese era gratis. Una vez mi Lela nos preguntó porque había una mancha negra en el suelo de la entrada de la casa…curiosamente nadie sabía.

Si te aburrías de reventar chispitas, nada importaba seguíamos jugando con los voladores, y nos íbamos al patio trasero que daba afuera de nuestra cocina que compartíamos, para eso los colocábamos adentro una botella de bebida de las chicas apuntando el volador hacia arriba para que reventara a unos cuantos metros de altura, sonaban como el despegue de un cohete dejando una estela de humo, para luego explotar. Más de alguna vez la dirección del volador falló no saliendo hacía arriba sino reventando entre nosotros, así cagándonos de la risa pero nada era un peligro para la guardilla del Chirimoyo 100.

Por la mañana del 31 de Diciembre al levantarnos desde muy lejos se sentía la música tropical de aquellos años sonaban en las radios locales, como la sonora Palacios o las cumbias de Pachuco. En nuestra casa se escuchaba la famosa radio festival y su entretenida programación matutina encendía los ánimos para la alegre noche en nuestro pancho puerto. Cabe recordar que las festividades de año nuevo en el puerto de Valparaíso por tradición siempre fueron muy famosas acaparando la atención de los noticiarios de todo el mundo dado que esta celebración es uno de los atractivos turísticos más esperados tanto para los porteños como los turistas que esos días llegaban hasta la V región a disfrutar del mega evento costero.

Desde temprano empezaban las tareas en la preparación de año nuevo, mi madre me tenía siempre lista la ropita que me pondría, recuerdo que me había tejido con sus propias manos un lindo chaleco de lana café con leche, además de una camisa nueva celeste en rayitas que antes del mediodía ya estaba planchada esperando ser usada para la gran noche. Por la tarde me gustaba pedirle a mi papá unos lentes binoculares negros grandes y juntos mirábamos desde el balcón del jardín la llegada de centenares de personas que se instalaban desde muy temprano en la caleta Portales para guardar un lugar a sus familias y así tener la mejor vista frente al puerto en donde se llevaría a cabo el famoso espectáculo de luces de fuego. Por la tarde cerca de las 19:00 hrs. llegaban algunos familiares que celebrarían en la casa de mis Tatas, para nosotros siendo niños las horas pasaban lentas pero había que ser paciente. Así que salíamos al balcón de la puerta de entrada a reventar más cuetes y voladores para meter ruido como los cerros del frente. Los que más sufrían eran los perros de la casa se escondían por horas productos de las fuertes explosiones.  Para preparar los estómagos siempre habían cosita para picar y antes de bajar a playa, con mis primos si no nos quitaban las bandejas con papitas fritas y ramitas, se quedaban sin picoteo las visitas, no perdonábamos, arrasábamos con todo lo que estuviera puesto en la mesa.  Era demasiado entretenido para nosotros salir a mirar a la calle la cantidad de fuegos artificiales que desde los cerros lanzaban a los cielos, desde las casas, los techos esperando la llegada del nuevo año. 

Todas las familias tienen una historia que contar en estas fechas y nuestra familia también, pues una de las más recordadas fue cuando en un año en la tarde noche antes de bajar a la playa a disfrutar de la celebración, yo había bajado a buscar un negocio para comprarme unos voladores y chispitas para tener para más tarde algo que reventar junto a mis primos… cuando al volver subiendo la escala de chirimoyo mis ojos no podían creer lo que estaba sucediendo, se estaba quemando el cerro afuera de nuestra casa, vi a mis primos, a mi Lela con la manguera a toda presión apuntando a la ladera hacia los pastizales y todas mi tías tirando agua con las ollas de mi abuela, todos corriendo desesperados y unos cuantos gritos del cerro del frente…sin entender nada tratando de que alguien me dijera que había pasado resultó que estaba mi primo Mauricio con Marcelo y Jano se pusieron a jugar con el Tata que tenía unas "bailarinas", famosas en aquellos años este fuego pirotécnico porque las lanzabas para girar a una alta velocidad, elevándose y cambiando de muchos colores. Nuestro Tata las tiró en el cemento que estaba afuera de la casa pero una de ellas no funcionó, se "sopló" como decíamos cuando fallaban y no prendían, pero esta había caído cerro abajo. Entre el viento, el pasto seco y la mala suerte, se empezó a quemar una parte del cerro que colindaba con nuestra casa. Antes de bajar a la playa a celebrar el nuevo año el panorama era el siguiente… mi Lela retando al Tata, mi mamá tirando agua con ollas junto a mi tía Erika, mi tía Maggi retando a mi tío Lucho y a mis primos, la manguera se había enredado, mi primo Marcelo ayudando a estirarla y yo llegando con una pequeña bolsa con cuetes que me quitaron antes de que yo preguntara porque. 

Cuando se acercaban las horas para cambiar de año, bajábamos todos juntos en patota a la playa, éramos un lote más o menos grande que nos dirigíamos caminando por la calle Rodulfo Phillipi, cruzando la rotonda de las 4 luces (literalmente esa rotonda tenía 4 ampolletas) para bajar por Pelle antes de cruzar el puente de la Av. España. Al caminar por estas calles con mis papás nos encontrábamos con más familia nuestra mi tío Jorge hermano de mi papá, mi tía Luisa, mi prima la Lola, el Jito, la Iris, el flaco Hugo con la tía Nancy y sus hijas, Don Lucho con la Señora Carola, todos camino a la caleta Portales a mirar los famosos fuegos artificiales desde donde mejor se veían en la bahía de Valparaíso. Una vez ya instalados en la playa en la arena misma había que buscar el mejor lugar, solo bastaba sentir la emociones que allí se vivían a minutos del espectáculo. Todos el mundo reventando fuegos explosivos y lanzando luces a los cielos que vendían en la entrada de la playa el comercio informal con sus gritos pregones para vender todo el arsenal de pirotecnia. Pequeñas mesas con sillas, familias completas instaladas desde el día anterior a la espera del nuevo año en la playa. Esa noche estando al lado de mis padres yo con mi lindo chaleco café con leche tejido por mi mamá con la camisita nueva que me habían comprado para ese gran día, resultó que una niña que estaba en los hombros de su papá atrás de mi prendió una linda bengala pero el fuego que caía de ella cayó a la altura de mi cuello quemando mi hermosa camisa con mi chaleco nuevo recién tejido, en el momento yo no me di cuanta pero sentía algo raro unas molestas clavadas, hasta que mi mamá me vio que me habían quemado la ropa, su mirada lo decía todo. Tuve suerte la verdad si no estaría recordando en estas líneas el día que me quemaron y el recuerdo habría sido distinto de mi querido chaleco café con leche tejido por mi mamita.

Las bengalas eran muy hermosas cuando las prendían. Mientras pasaban los minutos mis primos en medio de la playa entre miles de asistentes que allí estaban, Mauricio y Marcelo prendieron dos bengalas que alumbraron de color rojo toda la playa al punto que cientos de personas los aplaudieron cuando sus brazos las levantaron en medio de toda la multitud de gente, la alegría, entre silbidos no se hizo esperar al ver tan hermosos colores proyectados entre las arenas y los sonidos del mar…

Estando los cielos estrellados la fiesta estaba lista para recibir la llegada del nuevo año. Los deseos a un minuto de ser cumplidos. Los malos momentos ya en la puerta también para ser dejados atrás al menos por los frágiles minutos de la desenfrenada noche porteña. Las botellas con sus copas de champagne listas para ser agitadas y ver botar su espuma cargada de prosperidad. Presentes a celebrar a esta multitudinaria fiesta los que nacieron olvidados por el mundo, con su andar solitario, levantaban sus brazos de júbilo a la esperanza y dicha de un mejor mañana. Los grupos familiares rejuntándose para tener a tu lado a la persona que deseabas dar el primer abrazo…todo estaba listo pero, faltando 1 minuto para las 12 de la noche tu corazón de adulto y de niño se agitaba de emoción, los rostros en alerta para observar la bahía del puerto cuando apagaban sus luces, dejándola en un manto de oscuridad que estrechaba su mano al viejo faro ubicado en el final del cerro Playa Ancha con su potente rayo de luz blanca alumbraba a kilómetros los cerros de Valparaíso hasta Viña del Mar…los barcos y buques de la armada se veían como gigantes en fierro flotando mar adentro que apagaban sus luces y desaparecían ante nuestros ojos como por un acto de magia frente al mar para luego hacer sonar sus fuertes bocinas roncas que estremecían hasta el pecho más duro. Donde los invitados a celebrar el nuevo año cruzaban miradas para sentirnos unidos en una misma fiesta, miles de personas al unísono comenzaban en el conteo regresivo del famoso 10, 9, 8,7,6,5,4,3,2,1 el primer bombazo con estallido de luz alumbraba toda la costa del viejo puerto, a mis padres, mis tíos, mis primos y los cientos de abrazos de familias desconocidas que se mezclaban junto con la mía, entre las miradas de felicidad, luces de fuego que pintaron nuestros rostros cuando el reloj marcó las 12 en punto.

Hoy adulto traigo a mi memoria las imágenes perdidas en el mar de una fiesta familiar en Valparaíso, por cada fuego que reventó en los cielos de la caleta Portales fue un deseo que alguna vez pedí, con cada abrazo y cada beso sincero que me regalaron aquellas viejas noches de año nuevo se convirtieron con el tiempo en luces de colores que hoy iluminan y queman mis más preciados recuerdos.


"el 25 de Mayo del año 2000, se promulgó la ley 19680 que prohibió la venta y uso de fuegos artificiales, aún existe preocupación porque todos los años se registran niños y niñas quemados, Diario la Tercera"



Comentarios

  1. Que hermosos recuerdos y que claridad, espontaneidad y sencilla expresas aquellos momentos. Te felicito por regalar una pausa y un viaje hacia el pasado.

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    1. Gracias por tu comentario, querida Paula, son mis recuerdos, son pedacitos de mi vida y de mi familia que dejaron huella. Cariños siempre. Espero vernos pronto.

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