Gitana del Mar

 “El destino es como las estrellas, brilla para quien sabe mirar más allá de la noche y la fortuna no es riqueza material, significa vivir intensamente y con esperanza" Proverbio gitano.



Veranos en mi juventud se vieron fragmentados en gran medida a recuerdos guardados en un lugar especial que solo algunas personas saben de su existencia.
Llegado el fin de año junto con las vacaciones recién terminada la enseñanza media producía dentro de mí una loca alegría por ordenar un bolso de viaje y fechar los pasajes con destino Valparaíso a casa de mi Lela. La casa de mi abuela, fue también mi casa por muchos años, toda mi niñez quedó en los patios de la quinta de árboles frutales, el pasillo y las grandes piezas de adobe que observaron los pedacitos de mi vida que hoy se transforman en palabras, más bien en pequeñas historias pasadas escritas como ecos dentro de la mente. 
En vacaciones cuando con algunos amigos de esos años quedamos en juntarnos en Viña del Mar cerca del muelle Vergara. Bajar por mis barrios hasta el paradero de la caleta Portales en la Av. España todas las micros en su mayoría te acercaban pasado el hotel Cap Ducal hasta el puente Casino para luego entrar caminando por la Av. San Martín o la Av. Perú
Contra hora reloj comencé a caminar por San Martín, fue el atajo que me quedaba mejor para llegar, fue en ese momento que vi a la gitana de pelo largo suelto tomado por un pañuelo en su frente, su vestido de color amarillo anaranjado siguiendo como ave de rapiña a las personas que se cruzaban por su camino. 
Para evitar la molestia de toparme con ella en mis pensamientos estaba la idea de atravesar a la calle del frente, su presencia me incomodaba porque crecí con una mala idea de los gitanas. 
En la sociedad de los tiempos de mi niñez siempre escuché en las conversaciones de adultos que eran ladronas y que fácilmente algunas vivían del engaño a la hora de tomar tu mano para ver tu suerte. Te pedían poner en la palma de su mano para hacer conexión con tu destino algún accesorio ojalá de oro o plata, un reloj o cualquier objeto de valor, incluso el dinero también servía para luego hacerlo desaparecer entre las palabras y la charlatanería. Si reclamabas el engaño o la tratabas de ladrona, se decía que ellas maldecían tu vida para siempre. Ante eso, lo mejor era el silencio que darse por engañado.
Las historias que de niño crecí escuchando y sumado a que desde el balcón del jardín entre matas de rosas, el olor del jazmín y las camelias de mi abuela que tanto cuidaba, abajo del gran muro de piedras de nuestra casa quinta había una cancha de tierra que yo siempre observaba y que en determinadas oportunidades junto a mis hermanos que eran mis primos, bajábamos a jugar a la pelota a chutearle a los maderos chuecos mal clavados que trataban de parecer un arco de futbol. Fue ese el lugar donde una vez llegaron gigantes camiones con carpas y se instalaron para vivir nuestros nuevos vecinos que para desdicha de mi familia eran gitanos.
Desde arriba de nuestro muro, miraba sus carpas de colores ya instaladas. Sin que nadie lo notara escuchaba como hablaban, pero no les entendía, era un idioma distinto, incluso los niños gitanos mal vestidos lo hablaban. Mucho humo a la hora de cocinar a leña, veía cuando preparaban el fuego, cuando lavaban sus ropas de colores en tambores con agua calientes. Ahí estaba yo contemplando esas familias distintas a la mía.
-Sal del balcón que te puedes caer hacia abajo - me gritó desde las cocina mi Lela- la realidad es que no era que pudiera caerme, a mi Lela no le gustaban que los gitanos vivieran abajo de nuestra casa, sus costumbres, sus olores y la falta de sanidad le molestaban.
Varios meses vivieron los gitanos junto a nosotros, hasta que el terremoto de 1985 en Valparaíso se los llevo el miedo a los movimientos y el sonido de la tierra, porque sus gritos quedaron impregnados entre el muro de nuestra casa y los árboles de aromo de los cerros que nos rodeaban.
No quería palabras con ella, mejor era desviar la mirada para atravesar la calle, me incomodaba la idea que me acosara con su quiromancia (arte de leer las manos), traté de caminar hacia el frente pero la cantidad de vehículos que transitaban por la avenida no me dejaban cruzar al otro lado. Sin querer la gitana adivinó mi actitud escapatoria a varios metros, pero al mirarla el contacto visual la trajo directamente hacia donde yo estaba. Desvié mis ojos para romper el contacto pero ya era tarde, quedaban solo tres metros, ahora estaba frente a mí. Sus ojos color celeste del mismo color del pañuelo que sujetaban su pelo, me incomodaron. Dos grandes argollas plateadas como sus aros y una mirada distinta a las que yo conocía, de rostro duro marcado por la vida y la discriminación. Desaseada con sus cabellos quemados por el sol, piel canela roja seca. Bajé mis ojos porque su mirada era más fuerte. Seguí caminando. 
-Que te doy un mensaje a cambio de una moneda - dijo la gitana, bloqueando mi cuerpo para seguir avanzando-. 
-No gracias paisana - respondí cortante - sin dejar de caminar. No quería escucharla, porque generalmente te dicen lo que necesitas para sentir esperanza. 
-Dame algo y busco tu suerte - insistente respondió, acosándome.
-No gracias, no creo en esas cosas - le devolví mi respuesta instantánea por la incomodidad de la situación. Grave error mi respuesta porque ya me había tomado la mano con más fuerza de lo normal. Ya era tarde su ojos celestes miraban fijo como serpiente cascabel.
-Muéstrame tu mano y te doy buenaventura - exclamó con mi mano atrapada por las de ella- ya estaba mirando las líneas de mi mano cuando me preguntó por la fecha de mi nacimiento.
-7 del 7 de 1978- le conteste sin querer hacerlo, ya me había detenido ante su insistencia. Ella había ganado. Acercó más mi mano a sus ojos que se movían en pequeñitos movimientos de lectura, para luego decirme…
-Tenemos un camino de vida en nuestras manos - seguían saliendo palabras cortas de su boca pero no las entendí por su idioma romaní - siete es un número mágico, y son espejos en tu vida, "fortuna y bendición siempre a ti".
Sin soltar su mano de la mía, abrió más mis dedos para observar, clavó sus ojos a los míos para decir - Tus hijos también son números espejos, buenaventura siempre, que Dios te bendiga-. Cerró mi mano, se quitó delante de mí y se fue. 
Me salvé, fue lo primero que pensé. ¡Uffff! menos mal  que ya todo había pasado, lo mejor no me había pedido dinero ni robado por la charlatanería de números disfrazados por destinos futuros. Apuré el paso para tratar de alejarme lo que más podía pero al llegar al semáforo de la próxima esquina, me di vuelta para mirarla, ahí estaba la gitana de viña del mar, siguiendo y esperando como un lince a su presa afuera del estacionamiento del casino de Viña.
Con 18 años y que una gitana callejera te hable de suerte, de hijos, me dio risa, estupidez de la buena pensaba dentro de mí. Hasta allí todo bien para mí, no me había robado nada. Seguí caminando como de costumbre por al lado de los edificios, hasta la intersección que se une con la Av. Perú, allí bajé hasta la arena para caminar más apegado al mar, ya estaba cerca del muelle Vergara, divisaba en la distancia a mis amigos. 
Al saludarlos les conté sobre mi encuentro cercano con la gitana, se rieron de lo sucedido. Reafirmando uno de mis amigos que tuve suerte que no me había pedido dinero. Si hablar de suerte se trataba, el otro amigo contó su historia cuando una gaviota lo había cagado en su cabeza justo cuando se estaba haciendo el lindo con la que más tarde había sido su polola.
A pesar que la pasamos bien juntos esa tarde, no pude sacarme de la cabeza a la gitana que me había tirado en sus palabras la suerte con mis números de nacimiento, fue extraño. Tan extraño que al llegar a casa no quise comentar nada para no preocupar a nadie. Cambiar una idea establecida por la cultura popular sobre las gitanas era imposible, lo mejor era no hablar del tema y así fue, nunca más conté aquella historia, hasta la olvidé con el tiempo.
Así pasaron los siguientes veranos, las horas, los días y los años…cuando tenía 28 años nació mi primera hija, la sostenía en mis brazos en la habitación de la clínica porque esos pequeños instantes son como verle el rostro a la felicidad, en nuestro tiempo y espacio de aquel bello momento que por cosas del destino nuestra hija había nacido un 3 del 3, un número espejo. Le conté a Karen mi mujer, una curiosa historia que vino a mi mente sobre una gitana en mi juventud. Se río por la coincidencia y la bendición de buenaventura de aquella mujer.
Cinco años más tarde mi segunda hija había nacido un 22 del 2, otro número espejo del destino y la buena suerte según mi vieja historia de la Av. San Martín. Quedamos en silencio pensando hacia dentro en que a veces los destinos puedan estar escritos en nuestras manos, solo que no podemos verlos porque nuestros ojos no son como los de otras personas en este universo infinito donde algunos pueden limpiar la vida o buscar la suerte de otros. 
Recordé nuevamente a la gitana de Viña del Mar porque mis ojos aquel día solo vieron en ella, lo que estaba afuera. 
Hoy traigo estas líneas escritas transformadas a una historia parecida a un cuento urbano mágico, y quién sabe si sus palabras con la fuerte mirada de esos ojos celestes marcaron el destino de mi vida y el de mis hijas. No lo sé, ni lo sabré jamás. Pero si tuviera el poder de devolver el tiempo, retroceder hasta ese mismo momento cuando ella se cruzó en mi camino… le diría gracias gitana BUENAVENTURA, porque es el nombre con el cual hoy te recuerdo.

Comentarios

  1. Buena Historia amigo!! de esas que quedan plasmadas en un lindo recuerdo, y te dejan pensando en las múltiples cosas que no tienen explicación. Me encantó. 👏🏻

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    1. Muchas gracias por tu comentario, esta historia la atesoré por muschos años desde mi juventud. Hoy sentí el deseo de compartirla.

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  2. Después de haber conversado acerca de esta vivencia, encuentro muchas semejanzas mías en relación a la tuya,
    Tan real que pareciera que sucedió hace muy poco, gracias por traer a la mente tan bellos recuerdos.
    ,¡¡¡excelente!!!!

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    1. Gracias por sus palabras, a veces las vivencias personales pueden atravesar las emociones de otras personas, es allí donde nos encontramos en un mismo punto. Un abrazo amigo.

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